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Publicada: 05-12-2018

 

El mundo recuerda a Nelson Mandela

El 5 de diciembre de 2013, a la edad de 95 años, murió Nelson Mandela, primer presidente electo de Sudáfrica, cuyo sueño, en parte realizado, era construir una sociedad en la que todos los sudafricanos, blancos o negros, caminaran con la cabeza en alto «dando a luz a una nación en paz consigo misma y con el mundo».
Si Mandela tenía dificultades para respirar a causa de la tuberculosis, contraída durante su largo encarcelamiento en Robben Island, que duró más de 20 años, en realidad nunca dejó de hacerlo por el bien de la paz y la libertad. Y cinco años después de su muerte, sus pensamientos, palabras y obras aún nos hablan. «Donde hay pobreza y enfermedad, donde los seres humanos han sido oprimidos, hay más trabajo por hacer –repetía implacablemente– y nuestra tarea es garantizar la libertad para todos». Este compromiso también es retomado por el papa Francisco, quien constantemente hace un llamado a la igualdad y al respeto de la dignidad de cada ser humano, instando especialmente a los jefes de estado y de gobierno para «superar todas las formas de racismo, intolerancia e instrumentalización de la persona humana».
La segregación racial, el triste legado del colonialismo del siglo pasado, que Mandela pudo poner fin en Sudáfrica, después de haber sido víctima él, en primera persona, del sufrimiento junto al encarcelamiento, la tortura, la violencia, las acusaciones injustas e infames, sigue todavía presente en las formas de xenofobia y exclusión social y corre el riesgo de agudizarse, sobre todo en esta fase histórica en la que hay procesos de migración no sólo hacia Europa, sino también dentro de la propia África.
Por esta razón, es necesario recordar su muerte para devolver la vida a toda sana lucha por la libertad, la justicia y el fin de la discriminación. Premio Nobel de la Paz en 1993, «embajador de la conciencia» nominado por Amnistía International en 2006 y firme defensor de la lucha contra el sida, Mandela, cariñosamente llamado Madiba, había encontrado la solución que sigue inspirando a millones de personas, asociaciones y ONG que mueven su compromiso por la defensa de los derechos humanos: no ceder al resentimiento por el bien de todo un pueblo, sanar heridas, elegir siempre el perdón en lugar de la venganza.
vaticannews.va

 




 

 

crédito: New York Magazine


 

 

 

 
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