Desde el estallido de la guerra en Sudán, el 15 de abril de 2023, uno de los sectores más gravemente afectados, especialmente en estados históricamente frágiles como el Darfur septentrional, ha sido la educación.
La combinación de pobreza, desastres naturales y colapso de las instituciones estatales amenaza el futuro de decenas de miles de niños, en un panorama agravado por la violencia armada. Esta situación ha sido documentada en dos recientes informes de la Darfur Victims Support Organisation, que describen un escenario educativo desastroso en localidades como Saraf Omra, con una población estimada de 301 mil habitantes, y Kutum. En estas áreas, los niños llevan más de tres años sin acceso a la educación. Según estimaciones de UNICEF, debido al cierre de las escuelas y a la escalada de violencia, 7,9 millones de niños podrían haber quedado fuera de la escuela en Sudán para finales de 2025.
Los informes difundidos por la prensa local señalan que la suspensión de la educación se ha convertido en una crisis estructural que amenaza el tejido social, debido a la inseguridad, el deterioro de la economía y el colapso de los servicios básicos, en una región que combina comunidades sedentarias y de pastoreo.
La situación del personal docente no es mejor que la de las escuelas. En Saraf Omra, los profesores han sufrido la suspensión casi total de sus salarios durante más de dos años, salvo algunos pagos parciales de hasta el 60% durante apenas ocho meses, insuficientes para cubrir incluso los costos básicos de la vida. La falta de sueldos e incentivos ha provocado un éxodo generalizado del personal escolar en busca de seguridad o de fuentes de ingresos alternativas, agravando la escasez de docentes cualificados y comprometiendo cualquier intento de reanudación de la educación, incluso en infraestructuras muy precarias.
Además, en 2024, las fuertes lluvias y las inundaciones dañaron gravemente numerosos edificios escolares, dejándolos inutilizables. Sin mantenimiento ni apoyo, las escuelas se han convertido en estructuras deterioradas, incapaces de proporcionar un entorno de aprendizaje seguro.
La continua suspensión de salarios, el desplazamiento de numerosos estudiantes, la falta de libros de texto y material educativo, y la carencia de infraestructuras adecuadas, impiden la reapertura de las escuelas sin una intervención humanitaria inmediata, organizada y sostenida, con apoyo externo. Según los informes, el cierre prolongado de las escuelas está aumentando de manera alarmante los índices de abandono escolar y trabajo infantil. Muchos niños se han visto obligados a asistir a escuelas coránicas tradicionales como último recurso, mientras que otros deben trabajar en los mercados para sostener a sus familias.
La Darfur Victims Support Organisation concluye que la educación en el Darfur septentrional ya no es solo un servicio público, sino una cuestión de supervivencia y protección social. Continuar con la educación, incluso en su forma más elemental, representa la última línea de defensa contra la ignorancia, la violencia y la pérdida de toda una generación.
Crédito de la nota: Agencia Fides.
