«Cuando no se pregunta de dónde vienes»: Maison Bakhita espera a León XIV

«Cuando no se pregunta de dónde vienes»: Maison Bakhita espera a León XIV

En la Maison Bakhita, donde el Papa León XIV será recibido este sábado, migrantes, religiosas y voluntarios comparten una casa en la que la acogida comienza sin preguntar primero por el origen. Aracely, una nicaragüense que encontró allí una familia en París, y la Hermana Maria dos Santos cuentan qué significa para ellos la visita del Pontífice.

«Yo era extranjero y ustedes me acogieron» (Mt 25,35). Las palabras del Evangelio están escritas en uno de los muros de la Maison Bakhita. Allí no son una frase decorativa. Funcionan como una especie de brújula para quienes atraviesan cada día sus puertas: personas que llegaron a Francia después de dejar atrás una tierra, una familia, una lengua conocida, a veces también una historia marcada por el dolor.

En esta institución de París se aprende francés, se comparten oficios, se buscan oportunidades de trabajo, se conversa, se reza y, sobre todo, se intenta volver a tejer vínculos. La acogida adquiere así un rostro concreto: el de una persona que escucha a otra, el de una mesa compartida, el de alguien que acompaña a quien acaba de llegar.

Es también la traducción cotidiana de aquel llamado que el Papa Francisco dirigió a la Iglesia ante el desafío de las migraciones: acoger, proteger, promover e integrar. La Diócesis de París quiso convertir esos cuatro verbos en una realidad y abrió en 2021 la Maison Bakhita, concebida como un lugar de encuentro y como un puente entre distintas iniciativas dedicadas a las personas migrantes. 

Ahora, cinco años después de su apertura, será el Papa León XIV quien atraviese su umbral, y lo hará precisamente en el día previo a la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que la Iglesia celebra el domingo 27 de septiembre. Para dicha fecha, el Obispo de Roma llama, en su mensaje, a prestar atención a los menores que se ven directamente afectados por la experiencia de la migración y la huida, a la preocupación por ellos y a la promesa del Señor de que quien “acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí” Mc 9,37).

La Hermana Maria dos Santos, religiosa scalabriniana brasileña, recibió la confirmación de la visita con una mezcla de emoción y desconcierto. “Nos quedamos muy emocionados”, cuenta a Vatican News. Durante tres noches, confiesa, no dejó de pensar en aquello que estaba por suceder: cómo preparar la casa, cómo recibir al Pontífice, qué significaría para quienes viven allí.

No encontró una palabra complicada para explicarlo. Eligió una muy sencilla: encuentro.

León XIV, dice, viene al encuentro de una realidad que la Iglesia de París ha ido construyendo junto a otras asociaciones y personas comprometidas con los migrantes. Una realidad que busca llegar también a quienes, por diferentes motivos -entre ellos las dificultades vinculadas a la documentación-, no siempre encuentran fácilmente una puerta abierta.”Él viene a darnos su mano, viene a fortalecernos”, explica la religiosa. Y luego aparece una imagen todavía más cercana, casi familiar: el Papa viene a “dar aquel abrazo de padre”.

La frase condensa buena parte de la emoción que atraviesa estos días la Maison Bakhita. No se trata únicamente de recibir a una figura de la Iglesia universal. Para quienes trabajan allí, es sentir que una misión muchas veces silenciosa, hecha de gestos pequeños y acompañamientos cotidianos, será mirada y abrazada por el sucesor de Pedro.

Los migrantes que frecuentan la casa lo expresaron desde el primer momento. Compartían las noticias, enviaban los enlaces, repetían con entusiasmo: “¡El Papa viene!”. Algunos incluso comenzaron a pensar en llenar la casa de música, cantos y bailes.

Después llegó la realidad de los límites de espacio y de aforo. No podrán estar todos. Pero, de algún modo, la casa entera estará presente.

Aprender una lengua, encontrar una familia

Entre quienes han encontrado en la Maison Bakhita un lugar de acogida está Aracely Martínez. Nicaragüense, residente en París, llegó buscando algo muy concreto: aprender francés.

No conocía el idioma. Se inscribió en uno de los cursos gratuitos de la Maison, realizó la prueba y comenzó a estudiar. Después se acercó a otros talleres y fue conociendo poco a poco la dinámica de aquella casa.

La experiencia terminó desbordando el propósito inicial. “Me he sentido tan como que estoy en familia”, cuenta a Vatican News.

Hay algo especialmente significativo en que esa palabra -familia- aparezca en la historia de una mujer que vive lejos de su país. En la Maison, explica, no encontró solamente cursos o actividades. Encontró personas que escuchan, aconsejan y acompañan.

“No solamente por las personas que vienen acá, sino también por la hermana, que cada vez nos aconsejan y nos escuchan”.Su propia experiencia como migrante terminó llevándola a ponerse al servicio de otros. Hoy es voluntaria del Café Bonjour, un espacio de encuentro que ella misma considera parte de su historia en la Maison y del que se reconoce como una de sus fundadoras.

Allí se prepara café y té. Se conversa. Se comparten experiencias. Los temas pueden girar en torno a la migración, a la vida social o simplemente a aquello que afecta a quienes han tenido que comenzar de nuevo lejos de casa.

No parece mucho. Y, sin embargo, puede serlo todo para alguien que acaba de llegar. Aracely encuentra allí a personas procedentes de Colombia, Perú y otros países latinoamericanos. Puede hablar español, escuchar acentos familiares, reencontrarse con algo de su propia cultura. Pero también practica el francés con quienes participan en el Café Bonjour.

Una lengua la conecta con el lugar del que viene. La otra la ayuda a construir el lugar en el que está.

Todo listo en los distintos espacios para recibir al Sumo Pontífice
Todo listo en los distintos espacios para recibir al Sumo Pontífice

“Eso me hace sentirme como en casa”, dice.

La Maison Bakhita aparece entonces no solamente como un centro que ofrece servicios a los migrantes, sino como un espacio donde ellos pueden recuperar algo que la experiencia migratoria puede poner en cuestión: el sentido de pertenencia.

Cuando nadie pregunta primero de dónde vienes

Aracely valora especialmente que, al llegar, nadie necesite presentarse primero por su nacionalidad, su religión o las circunstancias que lo llevaron a Francia.

“Todos venimos bastante vulnerables”, explica.

En esa vulnerabilidad compartida encuentra una forma de igualdad. Nadie está obligado a contar su historia si no quiere. Nadie queda reducido a un país de origen o a un expediente migratorio.

Es precisamente ese modo de recibir al otro el que, según ella, permite que personas muy diferentes puedan encontrarse.

También las diferencias religiosas forman parte de esa convivencia.

Aracely creció en una familia cristiana de tradición protestante, aunque estudió su educación primaria en colegios católicos y conoció desde pequeña la vida de la Iglesia. Su experiencia le permite mirar con naturalidad la diversidad religiosa de quienes pasan por la Maison.

En este recinto se imparten clases de costura, francés, funciona un taller de orientación laboral, entre otros servicios.

En este recinto se imparten clases de costura, francés, funciona un taller de orientación laboral, entre otros servicios.

Para ella, esa diversidad no tiene por qué separar.

“Creo que esto une”, afirma.

La Hermana Maria mira esa misma realidad desde su vocación religiosa. La mayoría de las personas que llegan a la Maison, explica, no son cristianas. Por eso uno de sus deseos para después de la visita de León XIV es que puedan sentirse parte de una comunidad que los recibe.

No necesariamente de la Iglesia entendida como institución, aclara, sino de una comunidad capaz de envolver, acompañar y sostener.

“Las personas no cristianas se sientan parte de la Iglesia, no tanto como institución, pero se sientan parte de esa comunidad que los envuelve”.

En declaraciones a Vatican News, la entonces directora de la Maison Bakhita, Isabelle Cauchois (que finalizó su mandato el 15 de septiembre tras haber dirigido el centro desde su creación), expresaba una intuición semejante al explicar que el encuentro personal modifica la mirada sobre la migración. Frente a las estadísticas aparecen “un nombre, una historia, un niño en los brazos”.

Por eso describió la Maison como “un laboratorio de fraternidad”.

El Café Bonjour parece encarnar esa expresión en su forma más sencilla. No hace falta comenzar por un gran discurso. Puede bastar una mesa, una bebida caliente y una conversación entre dos personas que quizá nunca se habrían encontrado de otro modo.

Una casa sin fronteras

La Maison lleva el nombre de santa Josefina Bakhita, la religiosa sudanesa que conoció de niña la esclavitud, fue llevada a Italia, descubrió allí la fe cristiana y abrazó posteriormente la vida religiosa.

Su historia de desplazamiento y de encuentro con una nueva tierra ilumina, de algún modo, la misión de esta casa parisina.

Para la Hermana Maria, la visita de León XIV tiene además un significado especial para las religiosas scalabrinianas. Después de 130 años de historia de la congregación, señala, es la primera vez que un Papa visita el trabajo de las hermanas.

Por eso, cuando piensa en aquello que quisiera que quedara después del paso del Pontífice, vuelve a lo esencial.

“Un mundo sin fronteras, una religión sin fronteras, las personas que tengan un corazón abierto”.

El sábado, León XIV cruzará el umbral de la Maison Bakhita. Encontrará allí a migrantes, voluntarios, religiosas y trabajadores. Algunos estarán físicamente presentes; otros habrán dejado sus palabras en cartas, preguntas, oraciones o mensajes.

Encontrará también historias como la de Aracely, que llegó a París sin hablar francés y terminó encontrando, en una casa dedicada a los migrantes, una familia. Y hallará una comunidad que intenta convertir en vida una frase del Evangelio.

“Yo era extranjero y ustedes me acogieron”. Quizá por eso, más que llegar a un centro de atención a migrantes, el Papa llegará a una casa.

Crédito de la nota: Vatican News.