La guerra en Sudán, que comenzó el 15 de abril de 2023 entre el Ejército sudanés (Sudan Armed Forces-SAF) y las Fuerzas de Apoyo Rápido (Rapid Support Forces-RSF), sigue lejos de llegar a su fin y cada vez implica más a los países de la región. Ahora, además, han surgido acusaciones sobre un posible uso de armas químicas por parte de uno de los dos bandos.
Las acusaciones, difundidas por dos de los principales periódicos estadounidenses sobre el supuesto uso de bombas de cloro por parte de las SAF, supondrían un nuevo motivo de preocupación si se confirmaran. A comienzos de septiembre, tanto The New York Times como The Washington Post publicaron artículos basados en informes de inteligencia de un «país de Oriente Medio» no identificado, según los cuales las SAF habrían experimentado, fabricado y posteriormente utilizado bombas que contenían cloro.
Los artefactos químicos habrían sido empleados contra posiciones de las RSF, al parecer, en las inmediaciones de la refinería de petróleo de Al Jaili (Jaili) y de la base militar de Garri, al norte de Jartum, en septiembre de 2024. Vídeos e imágenes muestran vapores de color amarillo verdoso compatibles con el cloro, mientras algunos testigos han relatado haber sufrido dificultades respiratorias.
Pero para poder sostener estas acusaciones serían necesarias investigaciones sobre el terreno por parte de expertos independientes que recojan restos de las municiones, muestras ambientales y médicas, testimonios de las víctimas y documentación relacionada con las operaciones militares.
También cabe preguntarse si el uso de estas armas se remonta realmente a septiembre de 2024 y por qué solo ahora se ha hecho público. ¿Han vuelto a utilizarse las bombas de cloro después de aquellos episodios? Y, en ese caso, ¿cuándo y dónde? En 2025, Estados Unidos ya había impuesto sanciones al jefe de las SAF, el general Abdel Fattah al-Burhan, y a Sudán por el uso de armas químicas, basándose en informes previos de inteligencia sobre ataques con cloro. Las SAF han negado haber desarrollado o utilizado armas químicas.
Hay, además, otro elemento que merece atención. El cloro utilizado para cargar estos artefactos tiene un uso muy extendido en el tratamiento del agua potable, pero su utilización como arma cambia por completo su naturaleza. En concentraciones elevadas, el cloro puede convertirse en un agente peligroso y asfixiante al ser inhalado, especialmente en espacios cerrados o en lugares donde los civiles no pueden escapar con rapidez. Los documentos citados por los medios estadounidenses describen planes para obtener cantidades de cloro de una planta civil de tratamiento de aguas que originalmente había recibido esta sustancia química de agencias humanitarias internacionales.
Aquí reside uno de los aspectos más preocupantes de la situación en Sudán: un material utilizado habitualmente en las operaciones humanitarias puede convertirse, en un contexto de guerra, en un instrumento de exterminio masivo. Esto podría llevar a los organismos internacionales de control a endurecer la supervisión de los suministros de cloro destinados a usos civiles. Pero unos controles más estrictos podrían generar otro problema si acabaran interrumpiendo los suministros necesarios para garantizar el acceso al agua potable, agravando así las condiciones de vida de una población exhausta tras más de tres años de guerra.
Crédito de la nota: Agencia Fides.
