La isla de Tenerife recibe a León XIV en su última jornada del viaje a España. En su primer encuentro del día, se ha reunido con migrantes del centro de acogida de Las Raíces. En el discurso que les ha dirigido, en francés, reconoce que, los corazones de los migrantes, “heridos por tantas dificultades”, también son “consolados por el amor recibido gracias a otros corazones abiertos, generosos y misericordiosos”.
El Papa aterrizó en Tenerife, en su último día del viaje a España. Su primer encuentro de la jornada, como ya había ocurrido el día anterior en Las Palmas de Gran Canaria, quiso dedicarlo a los migrantes. El Pontífice fue recibido en el centro de acogida llamado Las Raíces por el director del centro. A continuación, escuchó unas palabras del obispo de San Cristóbal de La Laguna, Tenerife, monseñor Eloy Alberto Santiago Santiago; de la ministra de la Inclusión, de la Seguridad Social y de las Migraciones, Elma Saiz Delgado, y finalmente el testimonio de dos migrantes.
Tras escuchar sus intervenciones, León XIV dedicó unas palabras a los presentes, pronunciando su discurso en francés, lengua mayoritaria de los migrantes que allí lo esperaban.
El Papa quiso recordar que hoy la Iglesia celebra la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, “que es para los cristianos el amor misericordioso e infinito de Dios por cada ser humano”. Destacando la providencia de este encuentro, subrayó que “más allá de nuestro lugar de proveniencia, el amor de Dios no conoce fronteras, no hace distinciones, se da a todos y nos congrega en la unidad”.
El Papa reconoció que al escuchar los testimonios de los migrantes, piensa “en sus corazones, heridos por tantas dificultades y también consolados por el amor recibido gracias a otros corazones abiertos, generosos y misericordiosos”.
Ofrecer el tesoro de humanidad, de sueños y de cultura
En este sentido, León XIV explicó que Jesús, para explicar la universalidad del amor, puso como ejemplo el acto de servicio de un hombre de otro pueblo y de otra religión que se compadeció del herido y maltratado. Y dedicó también unas palabras al santo Hermano Pedro y san José de Anchieta quienes “partieron desde estas tierras canarias para anunciar el Evangelio en América, abriendo nuevos horizontes misioneros”. Ellos, precisó el Papa, “también fueron migrantes que se dirigieron hacia lo desconocido, llevando como principal equipaje la fe, la esperanza y la caridad”. Y añadió que los santos migrantes y misioneros “supieron dar de lo que tenían y asimismo acoger lo nuevo que se les ofrecía”. Por esta razón, invitó a los presentes a ofrecer “el tesoro de humanidad, de sueños y de cultura” que han traído a estas islas, y a estar “abiertos a recibir aquello que se les brinda”.
En esta misma línea, el Pontífice advirtió que este intercambio hay que vivirlo “con responsabilidad”, pensando en el “futuro de las generaciones venideras, a quienes queremos legar el patrimonio de una civilización del amor”.
Hacer de esta travesía un lugar más humano
Todos, de algún modo, somos migrantes, todos somos peregrinos en camino a la patria celestial, subrayó el Obispo de Roma. Por esta razón, invitó a los presentes a ayudarnos mutuamente “a hacer de esta travesía un lugar más humano para todos, aportando lo que esté al alcance de cada uno”.
Para concluir, el Santo Padre recordó a su predecesor, el Papa Francisco, “que tanto anheló poder estar con ustedes”. A Francisco “le gustaba utilizar la imagen de las raíces para indicar la necesidad de no olvidar los orígenes, de permanecer unidos y de confiar en el Señor”. Por eso, León XIV exhortó a que esta imagen de las raíces “también les ayude a ustedes a estar firmemente arraigados en el Señor, para que ninguna tormenta pueda alejarlos de su presencia, que fortalece y da vida”.
Al finalizar el discurso, el Pontífice tuvo ocasión de visitar una de las tiendas de acogida y saludar a algunos migrantes. Desde allí se dirige a la Plaza del Cristo para el encuentro con las realidades de integración de los migrantes.

Crédito de la nota: Vatican News.
